Hoy intento soltar las expectativas y abrazar lo que si fue.Porque a veces,eso tambien es amor.
A veces pienso en ciertas personas que pasaron por mi vida y todavía me emociono. No siempre fueron relaciones largas, ni perfectas, ni constantes. Pero me marcaron. Me enseñaron algo, me hicieron ver el mundo distinto, me tocaron el alma. Y a veces… me duele un poco que ya no estén.
Durante mucho tiempo me costó aceptar eso. Me aferraba a la idea de que si alguien era tan especial, tenía que quedarse para siempre. Que si había conexión, cariño o historia, entonces no podía acabarse. Pero aprendí —con algo de dolor y mucha honestidad— que no siempre es así.
No todo el mundo viene para quedarse. Algunos llegan solo por una temporada, por un momento clave, por un aprendizaje. Y eso también está bien. No significa que no hayan sido importantes. Todo lo contrario: fueron esenciales. Solo que su papel en mi vida tenía un tiempo, un propósito, y después… siguieron su camino.
Y también entendí otra cosa: las expectativas nos juegan malas pasadas. Porque cuando idealizamos a alguien, cuando esperamos que actúe, sienta o se quede como imaginamos… inevitablemente nos frustramos. Aprendí que querer a alguien también es dejar de esperar que sea como yo quiero, y aceptar lo que sí puede ofrecerme. Y si eso cambia, si se termina… también está bien.
Hoy valoro más la presencia real, no la promesa eterna. El vínculo sincero, aunque dure poco. El amor genuino, aunque no tenga final feliz. Porque cada persona que pasó por mi vida me dejó algo. Y aunque algunas ya no estén, lo que compartimos sigue aqui, conmigo, en algún rincón del corazón.
Y eso, a veces, también es suficiente.
