Hay días en los que todo pesa. El cuerpo, la mente, las emociones. Días en los que solo quiero apagar el mundo y volver a mí. Y en esos momentos, he aprendido que no necesito grandes cosas para sentirme un poquito mejor. Solo pequeñas rutinas, simples y mías, que me devuelven la calma.
A veces me relaja poner música suave y dejar que mi alma respire. O darme un baño caliente, de esos que se sienten como un abrazo. O prepararme una taza decafe con hielo, sentarme en silencio y mirar por la ventana como si el mundo no tuviera prisa.
Me relaja escribir. Sacar lo que llevo dentro y dejarlo en el papel (o en el blog). Como si mis pensamientos encontraran orden cuando los convierto en palabras.
Y a veces, solo necesito cerrar los ojos, respirar profundo y recordarme que estoy haciendo lo mejor que puedo. Que no todo tiene que estar perfecto. Que merezco descanso, ternura, paz.
O el simple abrazo de mi hijo,sincero,dulce,lleno de ternura y amor.
Después de un día duro, lo que más me relaja es volver a mí. A mi esencia. A ese espacio interior donde todo está bien, aunque fuera haya ruido.
¿Y a ti? ¿Qué te calma cuando el día te sobrepasa?
¿Qué te relaja después de un día duro?