💫Reflexion personal



Hay momentos en los que las palabras de los demás duelen más que los hechos.
No porque sean verdad, sino porque intentan apagar lo que somos.
Esta es una reflexión sobre esas malas bocas que hablan, juzgan y distorsionan…
y sobre la calma que llega cuando decidimos no responder más.

💫 Sentía decir eso

Sentía decir eso:
que a veces no es el dolor lo que más duele, sino las palabras.
No las que decimos, sino las que otros lanzan con intención de herir.
Las que distorsionan, las que inventan, las que circulan sin verdad.

Vivimos rodeados de voces que opinan sin conocer, de bocas que se alimentan del juicio ajeno.
Hay personas que necesitan hablar mal de otros para sentirse importantes,
que cambian de opinión según el viento,
que se contradicen sin darse cuenta.
Y sí, resulta triste ver cómo se abrazan después de haberse criticado,
cómo sonríen mientras siembran rumores.

Pero hay algo que nadie puede quitarte: la calma de quien ya no responde.
El silencio no siempre es debilidad; a veces es el grito más sabio.
Porque cuando uno deja de explicar, de defender, de justificarse,
la energía vuelve al lugar correcto: hacia adentro.

No se puede evitar que hablen,
pero sí se puede elegir no participar.
Dejar que las bocas malas se desgasten solas.
No alimentar el fuego del chisme, no buscar aprobación, no rebajarse.

Cada uno muestra quién es en la forma en que habla de los demás.
Y cada palabra dicha con veneno, tarde o temprano, vuelve al lugar de donde salió.

Así que cuando escuches que te nombran, recuerda:
“No es mi historia la que cuentan, es su necesidad de ruido.”


Mantén tu calma.
Sigue caminando con dignidad.
Porque cuando las malas bocas se cansan de hablar,
la verdad sigue en pie, tranquila, intacta.

Y sí… es triste y penoso.
Triste ver cómo las bocas se llenan de mentiras,
penoso mirar tanta hipocresía disfrazada de afecto.
Pero más triste sería convertirme en una de ellas.
Por eso elijo callar, sanar y seguir.
Porque el silencio, cuando nace de la verdad,
nunca es debilidad: es dignidad.

Deja un comentario